¿Hacia dónde va el mundo?

¿Cuál es la raíz del problema? y ¿por dónde empezamos?
Sentimos la Sociedad Actual y el Mundo Feliz como si fuesen dos flechas que van en direcciones totalmente contrapuestas, constantemente escuchamos que el mundo va a su autodestrucción, vislumbramos el panorama más desolador inimaginable, cada vez más cerca de nosotros; sin embargo, toda persona, en más de una ocasión, ha sentido el anhelo y deseo de querer estar ¡ya! en el Mundo Feliz, generalmente, cuando los problemas y las dificultades le abruman, o cuando observa en el mundo el sufrimiento en sus diferentes formas e intensidades, lo cual hace despertar en nosotros el temor, la sensibilidad y añoranza por aquel ansiado paraíso.
Ante este escenario, nos sentimos pequeñitos, que no podemos afectar el curso de nuestra historia, sentimos que cada vez tenemos menos tiempo para nosotros mismos y en cada ocasión que tenemos chispazos del Mundo Feliz, nos decimos que éste “es una utopía”.
Como consecuencia, renunciamos a nuestros sueños y a la posibilidad que tenemos de influir en nuestro entorno, dejando en manos de los políticos y los hacedores de política ésta tarea, no con una actitud proactiva o participativa, sino con una actitud de indiferencia y de no participación, pues decimos: “¿quién soy yo para que me escuchen o hagan caso?”, “en política no me meto”, “la política es sucia”, “prefiero vivir tranquilo”, “eso es tarea de los políticos”, “por eso son elegidos”.
Ahora bien, cada vez que tenemos aquellos chispazos del Mundo Feliz, en esos cortos segundos o minutos, sentimos la necesidad de parar y replantear, no solamente algunas cosas o situaciones, sino absolutamente todo, empezar de cero, pero no lo hacemos. La pregunta aquí es ¿por qué no lo hacemos?, ¿qué es lo que nos impide empezar a darnos cuenta de las principales causas e iniciar el proceso que nos conduzca indefectiblemente al Mundo Feliz?
Lo que fomenta la paralización de este proceso de cambio, tanto a nivel personal o grupal, lo constituyen lo que le llamamos “Viejos Paradigmas”, los cuales se encuentran arraigados en nuestra sociedad, en nuestro subconsciente, paradigmas que rigen nuestra sociedad actual y forman los cimientos sobre los cuáles se sustentan básicamente las relaciones humanas, constituyendo un “status quo” infranqueable desde los inicios de la humanidad hasta nuestros días.
¿Cómo hacer para que estos dos mundos empiecen a encontrarse?, en otras palabras, qué debemos hacer para que estas dos flechas comiencen a girar, y señalen hacia un mismo punto: el Mundo Feliz. Pero, ¿por dónde debemos empezar? La respuesta a esta interrogante la sabemos y sentimos, sin embargo, constituye un viejo paradigma que debemos enfrentar para dar inicio a este proceso, y nos referimos a que todos, absolutamente todos, debemos dar inicio a un proceso “REFLEXIVO”, respecto de lo que es nuestro mundo, nuestra sociedad, hacia dónde se dirige, y qué debemos hacer para conquistar el “Mundo Feliz”.
Así es, “la reflexión”, constituye el primer paso fundamental de este proceso, y no nos referimos a que destinemos unos pocos minutos de nuestro tiempo a ello, sino que lo hagamos en todo momento, sin importar cuánto tiempo nos tome y hacia donde nos lleve, debemos hacerlo profundamente. En la Sociedad Actual, las personas le huyen a este proceso, carecemos de opinión personal, y preferimos que otros lo hagan por nosotros, mostramos una actitud indiferente y no participativa que nos hace igual de responsables y copartícipes de la situación en la que nos encontremos. En este mundo a la gran mayoría de personas no se nos enseña a reflexionar, más bien se nos enseña a depender de otros.
Por lo expuesto, el primer cambio raíz lo constituye la estimulación de la reflexión, a todo nivel y en todos los sectores. Aquí cabe la pregunta, ¿qué permite la reflexión?, ¿por qué es importante y fundamental empezar por aquí?.
No es lo mismo que una persona inicie un cambio porque le dijeron que así debería ser, éste no es sostenible a mediano o largo plazo, por lo que el impulso se perdería y la persona nuevamente actuaría igual según el viejo paradigma. Es así como:
El verdadero cambio se inicia cuando uno mismo es consciente de la necesidad de ese cambio, y esto se logra de manera personal, mediante un proceso reflexivo, profundo e interior, en donde la persona se confronta consigo misma, identificando sus formas de hacer las cosas y cómo podría mejorarlas de manera correcta.
El proceso reflexivo permite en la persona lo que le llamamos el “despertar de la conciencia”, es decir, la persona tiene la capacidad de darse cuenta por ella misma de lo que es bueno o malo, acercarse a la verdad última, y ello se logra con la mayor claridad en el discernimiento y comprensión de las cosas. Para ello, el proceso reflexivo estimula lo que llamamos "Chispa Vital” de la persona, la que definimos como:
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La capacidad que tiene el ser humano de hacerse a sí mismo, con sabiduría y discernimiento auto-reflexivo. |
Una vez encendida la “Chispa Vital”, la persona se da cuenta de su potencial, se reconoce “sabia” y “capaz” de sí misma, permitiendo el cambio de actitud positivo frente a la vida, que empieza primero por un cambio hacia sí mismo.
El cambio de actitud positivo, implica el reconocimiento e identificación de viejos paradigmas o formas de hacer las cosas, que pueden ser mejorados o transformados, por lo que la persona al reconocerlo como viejo identifica a su vez uno nuevo, es decir, una nueva forma de hacer las cosas, motivando el desprendimiento y superación de los viejos paradigmas.
En este proceso reflexivo, cada uno de nosotros, cada persona, empresa, institución, cualquier tipo de organización, o país, tiene un rol fundamental, que va desde lo personal hasta preocuparnos por los demás. Lo que proponemos, es que cada uno de nosotros debemos incorporar un “Rol Activo Formativo”, a través del cual estimulemos en nosotros y en los demás la “Chispa Vital” de la persona, el cual permitirá el cambio de actitud positivo, reconocer y superar los viejos paradigmas e instaurar aquí y ahora los nuevos paradigmas que permitirán hacer girar la dirección de ambos mundos hacia su encuentro, hasta lograr la conquista de la ansiada felicidad para todos, en suma, El Mundo Feliz que anhelamos y merecemos, el cual está al alcance de nuestras manos.
Por tanto, ninguno de nosotros debemos sentirnos ajenos a este proceso, pues todos vivimos en este mundo y ocupamos un lugar tanto físico como en el tejido de las relaciones humanas. Todos formamos parte del todo y es responsabilidad de cada uno de nosotros llevar a cabo este proceso.

